Lanzamiento niñAbuela, sábado 04.08.07, 18.30hrs, Mundo de Papel

Francisca Werth Coello presenta su primer libro, el poemario "niñAbuela", este sábado 04 de agosto a las 18:30 hrs. en la librería-café Mundo de Papel ubicada en Constitución 166, Bellavista.
Poemas, Pensaciones (pensamientos +sensaciones) y Ejercicios Poéticos que dan forma a esta "niñAbuela" entre palabras, silencios, gestos y música y que terminan escribiendo nuevos lenguajes y significancias para la (des)memoria. La autora, en la introducción, lo expresa así:
Cierto, no fue fácil verla confundida y que ya no fuera la misma, aunque ¿quién es realmente el mismo al día siguiente? Tuvimos que cambiar también, ser y hacer memoria, aceptar nuestros propios olvidos, acercarnos a otros que comenzaban a vivir lo mismo, estar dispuestos a querer bien a la niña que iba dejándonos la abuela, mientras se retiraba a un lugar sin nombre...
De ese viaje resultó este libro.
También, el poeta Gustavo Barrera Calderón, presentador del libro, enuncia con belleza y contundencia el entretejido emotivo y poético de estas páginas:
¿Niñabuela es el nombre de una historia, de un personaje o de un estado? Tal vez en un baile con forma de espiral que recorre la memoria, todas esas cosas sean una misma. En Niñabuela, el comienzo y fin de una vida se encuentran juntos de una manera inseparable, libres de cualquier angustia. Es la mirada ajena la que se confunde y proyecta sentimientos de compasión, ira, sorpresa o risa sobre un material viviente que simplemente comienza a respirar la esencia del vacío. Es un tema que personalmente me apasiona.
En forma de sinopsis y luego de lleno, podemos acceder a la construcción de este vacío. En un principio, cosas sencillas o emociones simples se confunden, cambian de lugar. Luego las identidades se combinan de maneras diferentes, los roles se invierten, la madre se vuelve hija, pero los gestos de compasión parecen inadecuados y la vida retoma el juego, el dibujo y el baile, otra vez el baile.
Finalmente, en una última etapa, es el lenguaje el que amenaza con desaparecer y es necesario crear otras formas de comunicación, como una manera de reanudar el ciclo que parece completar un círculo. En esta búsqueda de nuevos caminos de comunicación se mezclan todos los elementos posibles, las fotos familiares, los parientes y las melodías.
En esta poética no es posible separar lo biográfico de lo imaginado o soñado. Francisca Werth en su obra intenta escapar de los moldes que indican cómo actuar frente a una experiencia como el Alzheimer que ha enfrentado su abuela, la de carne y hueso, e intenta plasmar sus huellas, sin alterarlas ni cargarlas hacia lo trágico y desgarrador, hacia la angustia con que alguien imaginaría el olvido de las cosas, tampoco se mueve hacia una imagen teatral que realce la ironía, lo insólito de ser una niña en el cuerpo de una anciana que no puede valerse de sí misma, después de haber sido la mayor autoridad familiar para sus hijos y nietos.
Francisca simplemente acompaña a su abuela y enfrenta algo completamente desconocido, fuera de todo parámetro, intenta guardar delicadamente cada detalle que pueda resultar aclarador, y se los atribuye a esta Niñabuela, una especie de doble inmaterial de su abuela, que no sabe qué hacer con su contraparte material, su cuerpo que no reconoce y que no sabe conducir, cuidar o alimentar, situación que se hace idéntica en el comienzo y el final del recorrido como si se contara la misma historia vivida, pero se dejara circular el tiempo en el sentido inverso.
El hablante se encuentra justo en medio del ciclo, en su eje de simetría, y oscila en su relación con la Niñabuela desde sus dos extremos. Le habla a la niña con dulzura e ingenuidad, porque no quisiera perturbar su inocencia infantil, y al mismo tiempo intenta recibir la sabiduría de la visión de la abuela como una guía vital, de quien observa cada detalle con la intuición de que podrá comprenderlo luego, algún día.
Se podría hablar de un estado de alerta, de una dulzura tensa que aguarda el gesto, la paradoja que lograría revelar una clave que pudiera explicarlo todo y cargar de sentido esta experiencia de pasar por el mundo. Pero no hay explicaciones posibles, sólo el misterio que rodea ese vacío se hace presente en forma de olvido, de borrón, de mirada perdida. En lugar de aclarar plantea nuevas preguntas.
¿Podríamos decir sin ninguna duda que el recuerdo es preferible o de alguna manera un estado superior al olvido?


locaporlaluna dijo
Hola Fran: de los despistados se acordará Dios? estoy en esa categoría, recién encuentro tu blog en la Coctelera... Concretamente frente a este libro, escribirte (ya te lo he dicho) que NiñAbuela es el libro de poesía más original que he leído, no soy gran lectora, pero sí el que he tenido en mis manos. Se le cae el amor a cada respiro, el amor y la veneración hacia nuestros antepasados, tema pendiente en algunas culturas. Se vivencia la salud dentro de la enfermedad, si, tal como lo digo, porque hay que tener ojos de poeta para no perder de vista al Ser inalterable que es el Ser humano aún atravesando la enfermedad mental.
En poco tiempo estaré, bajo tu tutela, trasmitiendo algunos de tus poemas en tierra uruguaya, porque la universalidad del verso merece dejarlos respirar todo tipo de aires, los de la esencia humana.
Y para no abusar de este recuadro del comentario, decirte que me quedo de lectora por tu blog, con una sonrisa ya no de despiste, sino de ¡descubrimiento! un abrazo
21 Octubre 2007 | 03:26 PM